La mayoría de las marcas no sabe cómo vende su propia red
Los tiempos han cambiado. La forma de comprar y vender autos, también.
Parece una afirmación exagerada.
No lo es.
El mercado se puso exigente: más marcas, márgenes más finos, un comprador que decide más rápido y con más información. En ese contexto, saber cómo vende tu red dejó de ser un lujo. Pasó a ser fundamental.
Y hoy, casi ninguna marca lo ve.
Entre el despacho y el patentamiento pasa todo lo importante
Una terminal/importador sabe cuántos autos despachó. Sabe cuántos se patentaron. Pero entre esos dos momentos pasa todo lo importante —y casi nunca puede verlo.
¿Cómo llegó el cliente? ¿Cuánto tardaron en responderle? ¿Qué concesionario lo atendió y qué vendedor lo gestionó? ¿Cuántos leads se perdieron? ¿Qué campañas generaron más oportunidades? ¿Qué stock había para ofrecerle?
La respuesta vive repartida.
El stock, en el DMS. El cliente, en un CRM aparte. Los leads, muchas veces, todavía viajan en una planilla.
El ejemplo más claro es el lead que genera la propia marca.
La terminal capta una consulta y se la pasa al concesionario… en un Excel. Alguien tiene que cargar ese Excel en el CRM, asignar el contacto a un vendedor y recién ahí empezar a trabajarlo. Entre que el cliente preguntó y que recibe una propuesta pueden pasar días.
Y aun con un buen CRM, aparece el otro problema: el CRM no gestiona stock. Entonces el vendedor tiene que volver a preguntarle al cliente qué auto quiere —cuando esa información ya existía— porque no tiene el stock conectado a la conversación.
El cliente espera. La marca no se entera. La venta se enfría.
No es control: es ayudar a la red a vender más
Lo curioso es que todo esto suele leerse como un problema de control.
Para nosotros es exactamente al revés.
Una marca que entiende cómo vende su red puede ayudarla a vender más.
Puede detectar las mejores prácticas. Puede encontrar los cuellos de botella. Puede distribuir mejor la inversión de marketing. Puede acortar los tiempos de respuesta. Puede mejorar la experiencia del cliente.
Sin tocar los márgenes del concesionario. Sin apropiarse de sus clientes. Sin cambiar el modelo de negocio.
El mundo ya va para ahí
Y esto no es una teoría nuestra: el mundo ya va para ahí.
Tesla integró todo. Vende directo, controla precio, stock y cada punto de contacto, y entrega en sus propios centros. No tiene concesionarios; tiene puntos de entrega. Pero dejó una huella: el cliente se acostumbró a una experiencia sin fricción.
Las marcas tradicionales lo vieron y respondieron con el "modelo de agencia". En Europa lo lideró Mercedes-Benz, y lo exploraron Volvo, Stellantis, BMW y Volkswagen. Toyota lo piloteó en Nueva Zelanda.
Pero es un cambio profundo y conflictivo. Ford lo postergó, Volkswagen empezó a devolver sus eléctricos a los concesionarios y en varios mercados terminó en disputas con las propias redes.
O sea: la dirección es clara, pero el camino "full agencia" resultó más áspero de lo que prometía.
El tercer camino
Por eso creemos que hay un tercer camino.
No reemplazar al concesionario. No romper la red. Conectar la red que ya existe.
Porque el desafío no es cambiar quién vende. Es eliminar la distancia entre el auto que está en stock y el cliente que lo quiere comprar.
Y para eso no alcanza con otro CRM ni con otro DMS.
Hace falta un sistema operativo comercial o, como nos gusta llamarla a nosotros, una consola de gestión comercial para terminales/importadores: el auto y el cliente en un mismo lugar, conectados, de la terminal al concesionario y del concesionario al comprador.
Esa es la diferencia entre suponer cómo vende tu red y saberlo.
¿Tu marca puede ver hoy cómo vende su red, o sigue viendo únicamente el resultado final?
Los tiempos han cambiado. La forma de comprar y vender autos también.
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